El último tuit.

Esta mañana me he despertado con un artículo de ‘El Mundo‘ que me ha dejado con mal cuerpo. Aparte de la noticia de la quinta víctima del suceso de Madrid Arena, me encuentro con un artículo que se titula  “Estudiante de química fanática de Twitter”  Un escrito lleno de banalidades varias y suposiciones a través de lo que esta chica en su día escribió en la red social. Aparte del asco tremendo que me ha provocado, he sentido que si mañana me pasara algo , cualquiera podría leer todos mis tuits y llegar a varias deducciones: La primera, que me dedicaba a ver series y programas de televisión todo el tiempo y la más importante que mi alimentación se basaba en donuts, mojitos y cacaolats. Espero no morir de un infarto porque entonces muchos lo justificarán gracias a los hábitos que dejé entrever a los demás.

¿Esto es lo que quiero que sepan en mi post mortem? No. Pero eso es lo que queda escrito.
Las palabas se las lleva el viento hasta que las conviertes en un tuit y ahí quedan a manos de cualquiera, antes y después de tu muerte. Para siempre.

Según google hay más de mil millones de personas en este planeta que utilizan diferentes redes sociales; Todos tenemos algo en común : Vamos a morir. 

Dicho así suena algo morboso, pero hace mucho tiempo que llevo dandole vueltas a este tema. No sólo por el mencionado artículo anteriormente.Hace un tiempo, una tuitera que estaba enferma escribió y dedicó unos últimos tuits a aquellos seguidores que habían estado acompañándola los últimos meses. Su madre, unas horas después de su fallecimiento, cumplió con el último deseo de su hija: Hacer llegar a todos su triste desenlace y sus  últimas palabras, o en este caso, sus últimos tuits.La historia creó una gran conmoción en twitter. Muchos blogs hablaron sobre ello.

Creo que para muchos este fue el primer acercamiento a la muerte desde la cotidianidad que supone escribir un tuit todos los días. Esa realidad que nos invade de hoy estamos aquí, pero mañana ¿quién sabe?

Pero no es la única historia post mortem digital. Cruzando el atlántico nos encontramos el pionero en decir adiós de esta manera.  Derek K. Miller era periodista  y murió de cáncer. Miller le pidió a sus familiares y amigos que escribieran un mensaje para publicar poco después de su muerte.Esto es lo que escribió: “Ya está. Estoy muerto y este es mi último comentario en el blog. He pedido que una vez que mi cuerpo ceda al castigo de mi cáncer, mi familia y amigos publiquen este mensaje que preparé… (…)”     Impactante.  ¿Verdad?

En este momento 48 horas de video están siendo subidas a YouTube cada minuto. Hay 200 millones de tweets por día. Y el usuario promedio de Facebook  crea 90 contenidos cada mes. Si piensas en tus abuelos, ¿Cuánto contenido han creado para la posterioridad? Quizás algunas fotos, vídeos caseros , algunas cartas viejas, un diario guardado en un baúl. Pero hoy todos estamos creando ese contenido digitalmente y a diario. Un baúl,  el mismo que tienen tus abuelos pero que éste vivirá en la nube indefinidamente o por lo menos durante años después de nuestra muerte. Todo el mundo piensa en el presente de la red social. Pero nadie piensa en el futuro de ella, después que el usuario deje de existir.

Tenemos que pensar y reflexionar sobre esto. ¿Qué queremos ser después de morir?  Necesitamos un siguiente paso. El carpe diem en el 2.0 fue bonito, pero tenemos que mirar hacia adelante. Alguien tiene que crear el ‘In memoriam’ del usuario. Aunque suene morboso o trágico. Alguien tiene que hacerlo porque sino el contenido 2.0 se convertirá en un almacén de baúles sin dueño.

me

A %d blogueros les gusta esto: