Alimentando al miedo.

«En el trabajo o en la vida, no hay que seguir donde no somos felices»

Siempre me habían preparado para un trabajo en la oficina, de hecho nunca me había planteado salir de ahí. Mi último año de carrera no me imaginaba haciendo mucho más, pensaba que la felicidad existiría después de acabar mi horario laboral. Nunca me atreví a decir a nadie que cuando iba por la mitad de mis estudios me di cuenta que aquello que estaba haciendo no me gustaba nada. Pero ya era tarde, Bueno, eso pensaba yo en ese momento, porque si ahora volviera atrás hubiera pegado un buen carpetazo. Me daba mucha vergüenza decir que me había equivocado, me daba vergüenza ver como mis compañeros soñaban con su futuro ideal y yo soñaba con el tiempo libre que tendría después.

Voy a decir algo muy impopular, pero cuando empezó los primeros síntomas de la crisis para mí significó una liberación, una excusa perfecta para mi entorno. “La cosa está muy mal, no creo que trabaje nunca de lo mío” ¿Para qué seguir expecializandome en un sector qué no tiene futuro?

La parte más difícil fue la de ‘dar explicaciones’ no sé si a vosotros os ocurre, pero a mi me pasó el tener que dar explicaciones de todo. A nadie le gusta escuchar que eso que estás haciendo ‘no te gusta’  Nadie te comprende porque en España (no sé si en otras partes del mundo sucede) En el trabajo no se disfruta ni lo pasas bien. El trabajo es una cadena que te ata durante equis horas al día a cambio de un sueldo para sobrevivir. (Unos mejor que otros)

De todas las conversaciones que tuve, las conclusiones eran sutiles pero directas. Había fracasado. Todos me miraban con ojos de pena y superioridad. A veces contar lo que habías decidido para tu futuro era como confesar un asesinato, un asesinato contra tu futuro, en definitiva, un suicidio social.

Para sobrevivir a eso, me acordaba de algo que leí una vez. ‘El objetivo de una vida no es construir una casa y vivir allí, se trata de ponerse las botas de agua, atravesarla y encontrar el camino”

El miedo al fracaso:  Lo que he aprendido en este año es que a las personas les da mucho miedo cambiar. Les da miedo la incertidumbre  – dicen. Da miedo fracasar. Vivimos en una sociedad en la que si fracasas alguien te dirá  – Te lo dije. Y en que si fracasas y lo quieres volver a intentar, tendrás otra persona que te recordará tu primer fracaso.

Conocí a Joan cuando tenía 13 años. Él era el hermano de mi mejor amiga, era muy joven pero le encantaba el mundo del cine, recuerdo que siempre que iba a ver a mi amiga, Joan siempre estaba viendo alguna película. Unos meses más tarde abrió un videoclub. No había muchos más videoclubs en nuestro barrio, fue un negocio perfecto que duró cinco años, porque luego todo el mundo sabe lo que ocurrió con estos negocios. Pero él vivió (y muy bien además) durante ese periodo.Estuvo ilusionado, se lo pasaba bien y veía todas las películas nada más estrenarse en DVD.  ¿Se puede considerar que Joan es un fracasado? NO. Fracasaron las circunstancias, quizás.
La última vez que fui a ver a mi amiga a su casa, recuerdo una conversación en la que su familia hablaba como ‘El gran fracaso de Joan’ y que ojalá encontrara un trabajo estable y se olvidara de montar algo más.

Me sorprendí. Me dio vergüenza contarles que había sido de mi vida durante los últimos doce meses. Nunca lo entenderían, también pensé que cuando yo no estaba presente, yo sería la ‘Joan de mi familia’ Me deprimí un poco. Pero luego escuché algo que me hizo reaccionar. “Hablar de los fracasos e intentos de los demás es mucho más fácil que intentarlo por uno mismo”

Y de esto quería hablar hoy en el blog. De intentarlo. Porque aunque no lo sepáis de eso va la vida. De atreverse y mucho. De ser los protagonistas. ¿O es que acaso recuerdas ese ‘extra’ que tomaba café de aquella última película que viste? Estamos esperando delante de esa puerta con un fantasma que nos repite constantamente “No eres lo suficientemente bueno, no entres” Son muy pocos los que le plantan cara y dicen “No. Entraré y lo intentaré”  ¿Y sabes lo mejor?  ¡Lo harás!

Todo el mundo tenemos un crítico que nos señala durante todo el tiempo. Nosotros mismos.
“No eres lo suficientemente bueno”

Otra curiosidad respecto al miedo al fracaso es que está dividido por género. Si el fracaso me inunda e inunda a Joan, nos sentiremos igual.  Sí, el sentimiento es el mismo, pero la organización no.

Generalizando, obviamente. El miedo al fracaso en las mujeres lo puedes encontrar incluso en situaciones cotidianas de la vida.

“Puedo poner la lavadora, preparar el almuerzo, dar dos besos y estar en el trabajo a las 8:55. Puedo traer a casa la compra, hacer una cena maravillosa y …..”. Para las mujeres, el fracaso es hacerlo todo, hacerlo perfectamente y nunca dejar que te vean sudar.  No sé la cantidad de actimels que venden desde que nos recuerdan a nuestro género que no debes fracasar como mujer y todo se lleva mejor si tomas uno de esos yogurth líquidos. Pero lo que si que sé es que  subió la venta de antidepresivos y ansiolíticos.

El miedo al fracaso es una epidemia en nuestra cultura. Y para salir de ella, para encontrar el camino de vuelta, tenemos que reencontrarnos con nosotros mismos y luego con los demás.

Tenemos que entender y conocer la empatía, porque esta es el antídoto para todo. Siempre pienso que si fuéramos un poco más empáticos, el ochenta por ciento de los problemas se solucionarían. Y no hablo de ser menos egoístas, eso merece otro post. Hablo de que si alguien te cuenta su sueño no le contestes ‘¿Y ahora con la crisis te vas a lanzar?’ La actitud valiente de los que siguen soñando pese a todo, son los que moverán el balón. Los que están en esta parte del estadio, esperando el gol, lo celebrarán, sí. Pero no podrán sentir lo que es marcarlo. Y no lo harán porque alguien en su día le señaló con el dedo cuando fueron a comprar un balón.

Y sé que tal y como están las cosas lo más fácil es permanecer mirando el partido.Eso es lo que hice toda mi vida pensando que ojalá fuera yo quién diera esa pase directo a gol y sí, eso es fácil. Pero nunca sucede porque nunca te decides a bajar al estadio. El mundo necesita más valientes, más jugadores y menos colaboradores de Punto y Pelota.

6 respuestas a “Alimentando al miedo.

  1. Hay que ser muy valiente para decir a los demás que vas a dejar ‘un trabajo’ porque no te gusta. El miedo al fracaso nos puede.

  2. GRANDIOSO artículo. Me has tocado la fibra. Estoy completamente de acuerdo con tus palabras. He experimentado algunas veces esa horrible sensación. Pero tienes razón, el mundo necesita de gente valiente dispuesta a cambiar las cosas.

    Uno es valiente cuando, sabiendo que ha perdido ya antes de empezar, empieza a pesar de todo y sigue hasta el final pase lo que pase. Uno vence raras veces, pero alguna vez vence.

    Un saludo.

  3. “Uno es valiente cuando, sabiendo que ha perdido ya antes de empezar, empieza a pesar de todo y sigue hasta el final pase lo que pase” – Me quedo con esta frase.

    Totalmente de acuerdo!

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