Cambios rentables.

El teatro de la tele tuvo el viernes por la noche la presentación de una nueva obra. Su nombre: Belén Esteban. Regresaba al plató tras tres meses de silencio. Se había largado después de  broncas monumentales con sus compañeros, desquiciada, intoxicada, casi anoréxica, peleada consigo misma y con el mundo. El viernes volvío. Buena jugada: ausencia, expectación, retorno.

Jorge Javier Vázquez la entrevistó en Sálvame Deluxe para documentar su heroicidad: está dejando la droga, acude a terapia con una psiquiatra, ha regulado sus horarios, atiende a los estudios de su hija, ha reorientado su nariz, ha retocado sus orejas, ha aprendido a coser en punto de cruz, ha engordado dieciséis kilos y se ha divorciado de su marido. “Si yo puedo, ¡todos podéis!”, ha clamado Belén Esteban, mirando a cámara. Como la Escarlata O´Hara de una población más cañi que de costumbre, en busca de teatro de ficción disfrazado de realidad.

Ha contado también cómo habla con los vecinos de su pueblo y con su familia, cómo va a comprar en bicicleta el pan y la ropa. Ha demostrado, cheque mediante, que sigue siendo la princesa del pueblo, de su pueblo.  Es decir , que todo cambia para que nada cambie.

Se trata de que esta mujer, de cuya vida lo sabemos todo de todo, minuto a minuto, como si de una concursante de gran hermano se tratara, siga rindiendo beneficios a la cadena y a sí misma. Y así será. Beso, abrazo, lágrima. Y un público expectante que vestían camisetas de ¡Arriba la Esteban! Los mejores guionistas de la televisión Española, trabajando para que este foco de ojos saltones, nunca se apague.

La televisión es el teatro de nuestro tiempo, el teatro del pueblo: Shakespeare envidiaría Sálvame se admiraría de su astuta administración de pasiones, de la gestión de las emociones, de la escenografía del sentimiento. Un personaje principal de esta comedia se ha rediseñado para seguir dando juego y las tramas de los secundarios que nunca acaban y siempre están para cuando es necesario un cambio de vestuario y éstos sustituyen la atención y la función continúa.

El personaje ha sabido realimentar la expectación, parece imposible pero siempre lo hace. El telespectador querrá más de Belén Esteban. La psiquiatra le ha dado el alta para volver a la tele. ¿Resistirá la presión cotidiana del plató? Por eso la gente seguirá mirando. Esa incertidumbre es suficiente para el pueblo sumiso.
No hay mayor tesoro para el espectáculo televisivo que alguna dosis de incertidumbre. Un cliffhanger diario .  ¿Cuándo volverá a estallar, a llorar, a hundirse, a reír, a gritar? Todo ha cambiado para que nada cambie, porque lo que no puede cambiar es la rentabilidad televisiva.