Rumiar

Tenemos que atrapar nuestros hábitos malos y cambiarlos. Uno de los más insanos y más comunes se llama rumiar.

Rumiar significa masticar más. Es cuando tu jefe te grita, o tu profesor te hace sentir estúpido en clase, o si tienes una pelea con un amigo y uno no puede dejar de reproducir la escena en la cabeza durante días, a veces durante semanas.

Rumiar sobre eventos molestos puede convertirse fácilmente en un hábito. Pensar una y otra vez sobre lo sucedido, sobre lo que pasó.

El problema es que el impulso a rumiar puedes sentirlo muy fuerte y como algo importante, casi como una adicción, por lo que es un hábito difícil de detener.Lo sé, porque desde hace unos años lo tengo.

A mi madre le diagnosticaron un cáncer. Era extremadamente agresivo. Tenía tumores (in)visibles por todo su cuerpo. Y tuvo que comenzar una dura quimioterapia.

No podía dejar de pensar en lo que estaba pasando. No podía dejar de pensar en lo mucho que sufría, a pesar de que nunca se quejó ni una sola vez.  Ella tenía esta actitud increíblemente positiva. Su salud mental fue increíble. Yo estaba físicamente bien, pero mentalmente estaba hecha un desastre.

Curioso que después de todo ella fuese la que me recomendara no pensar sobre eso y no darle más vueltas, – que viéramos una serie – En aquel momento no existía Netflix. Ojalá hubiera existido, pero nos apañábamos con seriesyonkis y esa suscripción premium a Megaupload.

Los estudios dicen que incluso dos minutos de distracción son suficientes para romper el impulso de “rumiar” en el momento. Así, cada vez que tenía un pensamiento inquietante me ponía una serie. Nunca vi tantos episodios como en aquella época.

He vuelto a rumiar, he vuelto a aquella época de buscar algo para no caer en el hábito, es como un ex-alcohólico paseando por las calles deseando no encontrarse con nadie que esté bebiendo. He vuelto a rumiar y Stranger Things está en pause desde hace horas en mi televisión.