Planes de contingencia

Me intrigan los celos.  

¿Conoces una vida cotidiana sin celos? Desaparecería la mitad de la música y la mitad de los libros. No existiría El Ruido y la Furia” ni “Gatsby” ni “Fiesta”  Sin celos, no hay Proust. Por ejemplo.

Cuando sentimos celos, nos contamos a nosotros mismos una historia. Una historia sobre la vida de otras personas, y esas historias nos hacen sentir mal porque están diseñadas para eso, para hacernos sentir terribles. Siendo a la vez narradores y audiencia, sabemos exactamente qué detalles debemos incluir para clavar la espinita ,¿Verdad? Los celos nos hacen a todos guionistas aficionados.

“En el Camino de Swann”, uno de los personajes, está pensando en su amante y lo buena que es en la cama, y de pronto se da cuenta, “Un momento. Todo lo que me gusta de esta mujer, a otros también les gustaría. Todo lo que ella hace para darme placer podría darle placer a otro, tal vez ahora mismo”. Y empieza a contarse a sí mismo esa historia, una y otra vez.

Los celos son agotadores. Es una emoción hambrienta. Hay que alimentarla. Los celos se nutren de la información, usan los detalles. Los celos se nutren de las fotos, bueno y en esta época que nos está tocando vivir, de los snapchats y stories. Es por eso que Instagram tiene éxito.

Cuando Swann está en su agonía de celos, de pronto escucha detrás de las puertas y soborna a los sirvientes de su amante y les llega a decir que “Son investigaciones científicas con verdadero valor intelectual”.  Pero la realidad es muy diferente. Cuanto más dolorosa la verdad, mejor. Cuanto más intensamente celosos somos, más nos convertimos en residentes de la fantasía que nos hace recrear escenas ficticias de otros, en bucle.

Y va de eso, de frenarte y tener varios planes de contingencia. Cómo escribir un blog, por ejemplo.

 

 

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