Miss Filtros.

Es mi cumpleaños y en vez de estar celebrándolo por ahí, quemando Nueva York – Como mis amigos de Madrid creen que hago cada fin de semana – en vez de eso, me maquillé, para hacerme fotos para enviar a mi trabajo. Por lo visto no me dejan poner el filtro de perro de Snapchat en la foto de perfil. Vaya, a la reina de los filtros de Snapchat le obligan a quitar una de sus escudos perfectos. Dejar el mundo snap y entrar en en el planeta coin tiene estas consecuencias. A lo que iba, maquillada como una puerta pero en pijama. Al final lo más provechoso que hice hoy fue hacer esa story de Instagram con el filtro al revés, benditos filtros como os quiero. Como os querría en mi vida real. Iría por la vida con ese filtro Kardashian que te hace ser guapa y los días como hoy utilizaría el filtro de la boca grande, para que cuando hablara fuera conciso y claro. Contudente.

Contudente como pasar tu veintena adicta y medicada. ¿Por qué? El problema es que no se puede insensibilizar selectivamente una emoción.

No puedes decir, “aquí está todo lo malo: mi vulnerabilidad, mi pena, mi vergüenza,el miedo, la decepción;no quiero sentir esto” No  puedes insensibilizar lo malo sin anular lo demás, sin quitar la felicidad, lo bonito. Y luego te sientes miserable a y vas buscando finalidad y sentido.

Mientras más miedo tengamos, más vulnerables somos, y más miedo tenemos.

“Tienes que dejarte ver, está bien ser vulnerable, tienes que volver a amar de nuevo,  aunque no haya garantías aunque seguramente te vuelvan a romper el corazón, está bien, tienes que ser valiente y no querer huir”  – una y otra vez en bucle en mi cabeza, repitiéndome esto, como hace unos días me repetía a mi misma que era una mujer fuerte e independiente y que podía con todo mientras recogía aquel ratón muerto que había en mi apartamento. Y me lo creí.
 Es extremedamente díficil creer que ser vulnerable y que te vean como tal va a estar bien y al mismo tiempo preguntarte si de verdad se puede amar tanto sin ver a alguien. ¿Puedo creer ? ¿Puedo enfadarme tanto por esto? ¿Puede darme rabia que no seas tu quien me responda la storie de Instagram, la que he subido simplemente para llamar tu atención? ¿Puedo hacer todo eso y ser vulnerable y que todo esté bien?
Puedo. Y ¿Sabes qué? Debería estar agradecida por sentir eso, porque pese a seguir siendo vulnerable. También significa que estoy viva. Como los filtros de Instagram, que te conectan con tu yo más tonto y es la excusa perfecta para sonreír y pasar el tiempo y es tiempo que no utilizas pensando en que todo sería mejor si no existieras.
Hoy me llamaron – creo que cariñosamente – “Miss Filtros”. Por unos segundos me sentí atacada, luego me di cuenta que es la definición perfecta del estado de mi vida actual. Esconderme detrás de unas orejas de perro y de unos corazones que vuelan para no mostrar lo que realmente está sucediendo. Como en la vida, que me escondo detrás del teléfono, que me escondo en el rincón que nadie me ve en la oficina, que evito encuentros y que todo eso lo hago porque no hay filtros para la vulneralidad. Y sólo nos queda dos cosas. O inventarlos o vivir sin ellos, con todas sus consecuencias.

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